Y cuando no sabes por qué lo haces

Hay situaciones en las que haces cosas que sabes que no son lo mejor en ese momento, pero no lo puedes evitar.

Y quién me iba a decir que sabiendo que no me estaba haciendo ningún bien lo iba a hacer.

Cada vez estoy más convencida que el ser humano es raro. Si no que me expliquen por qué cuando estamos deprimidos lo único que hacemos son cosas que nos hacen deprimir más (al menos a mí).

En lugar de ponernos activos y hacer cosas que nos suban la moral nos ponemos a escuchar esas canciones deprimentes que nos hacen llorar, a mirar esas fotos antiguas que nos llenan de nostalgia y nos recuerdan tiempos mejores, te plantas delante de la tele y haces un maratón de pelis de esas que no paras de llorar y, no sé si será por la influencia de las películas americanas, pero te hinchas a comer helado sabiendo que después cuando te subas a la báscula ¡Sí que te vas a deprimir!

Pero ya sabéis que a mí me encanta informarme y me he quedado más tranquila cuando, parece ser, que la base científica es que el helado contiene un aminoácido denominado Triptófano que aumenta los niveles de serotonina (una de las hormonas encargadas de hacernos más felices). De este modo, se inhiben los síntomas de la depresión, se contrarrestan los estados de agresividad o tristeza y, en consecuencia, nos sentimos emocionalmente satisfechos.

Así que yo me voy ahora mismo al congelador a por el mío ¿Y vosotr@s?

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Y cuando te hace tanta ilusión

Me ha hecho tanta ilusión que no he podido dejar de compartirlo.

Y quién lo iba a decir que me iba hasta a emocionar cuando he visto este mensaje de WordPress.

Soy consciente de que es poquito, pero son ¡mis primeras 1.000 visitas!, y ver un número así redondo siempre hace ilusión.

Gracias a todos por hacer que sea posible. Espero poder seguir disfrutando de vuestros comentarios y, por qué no de vuestra compañía, que es el sentimiento que noto cuando sé que me leéis.

Un abrazote muy grande.

Y cuando por mucho que lo intentes…

Está claro que hay cosas en esta vida para los que muchos no hemos nacido (en mi caso bastantes jajaja) pero yo lo sigo intentando.

Y quién me iba a decir a mí que a mis 50 años iba a seguir luchando para hablar inglés.

Llevo casi toda mi vida estudiando inglés. Es una de esas cosas que creo que, en la época que vivimos, es supernecesaria todo y que siendo realistas la gran mayoría de la población mundial habla hispano así que ahí lo dejo.

Cuando yo estaba en el colegio se estudiaba francés. Me compré el libro con toda la ilusión del mundo por empezar a estudiar otro idioma y después del primer día de clase la profesora nos informó de que a partir de la siguiente lección empezaríamos a estudiar inglés. A mí me daba igual, a mí me hacía gracia aprender otro idioma fuera cual fuese así que lo cogí con todas mis ganas.

Pero el inglés se resistió a entrar en mi cabeza. Sería porque la profesora tampoco se puede decir que supiera mucho, sería porque el inglés que te enseñaban en el colegio era muy básico… el caso es que yo no avanzaba. Así que ya de más mayor me apunté a diferentes academias. Y ni con esas, nunca avanzaba.

Quiso el destino que entrara a trabajar en un departamento de Cooperación Internacional donde el inglés era el pan nuestro de cada día. Teníamos becarios de varios países y, todo y que ellos venían a aprender el castellano, siempre intercambiábamos frases. En aquella época, era más la vergüenza de hablarlo que el no entenderlo, porque me defendía bastante bien a la hora de escribirlo y de escucharlo, pero hablarlo… eso era otro tema, aunque lo tenía que hacer por narices.

Finalmente cambié de trabajo y el inglés dejo de pertenecer a mi día a día. Os puedo asegurar que un idioma no es como montar en bicicleta que nunca se olvida, he vuelto a intentar estudiarlo, a recuperar lo que sabía, y todo y que sigo entendiéndolo bastante bien a la hora de leerlo, soy incapaz de entender cuando lo hablan (y más si son series americanas) y mucho menos hablarlo.

Según un estudio se trata de la plasticidad de las neuronas, que llegada una edad el cerebro empieza a dar prioridad a la estabilidad.

Hace unos años fuimos a pasar unos días con unos amigos a Londres y la única que entendía algo era yo, así que me dispuse a hacerme entender por los londinenses. Me parece increíble su pasividad y la poca empatía que demuestran hacia los extranjeros. Si no los entiendes es tu problema, ellos no se esfuerzan lo más mínimo. Y luego vienen ellos aquí y parecemos tontos esforzándonos por explicarles las cosas con gestos y con palabras sueltas en inglés para que nos entiendan. En fin, que cuando ya llegaba el momento de volver a casa es cuando yo empezaba a desenvolverme bien con el idioma.

Como de momento no veo viable irme a vivir a un país de habla inglesa que es la forma más segura de aprender el idioma (que ya me gustaría) lo único que me queda es seguir intentando aprenderlo con las aplicaciones que puedes encontrar por internet e intentar no morir en el intento.

Pero que como siga así, no descarto pasarme al chino que, quién sabe, a lo mejor aprendo antes.

¿Vosotr@s tenéis facilidad para los idiomas o sois de los míos?

Y cuando eres un poco rarito…

Suelo llevar siempre un libro vaya a donde vaya porque nunca sabes si vas a tener que esperar, pero, a veces, me lo olvido.

Y quién lo iba a decir que en esas situaciones lo único que se me iba a ocurrir para entretenerme era observar a la gente e inventarme sus vidas.

A raíz de la pandemia, al no poder salir y disfrutar de terrazas, no haber salas de espera abarrotadas ni demás situaciones que propiciaran mi imaginación había dejado de hacerlo, pero, el otro día me volvió a pasar.

Iba de camino a unos recados, y como era muy pronto me pare a tomar un café en una terraza. Al no tener prevista una espera, no llevaba ningún libro conmigo por lo que eché un vistazo a mi alrededor y mi mente empezó a hacer de las suyas.

Me encanta observar a la gente e imaginarme sus vidas. Supongo que si le explico esto a un psiquiatra seguro que tiene base para psicoanalizarme por eso procuro no comentarlo demasiado jaja. Me imagino sus trabajos, si tienen hijos, si están enamorados, si son felices o no (en eso los ojos de la gente no mienten, solo tienes que mirar bien). Suelo fijarme en como interactúan con las personas con las que hablan, si son pareja, amigos o compañeros de trabajo, el tipo de ropa o complementos que llevan, si leen el periódico o están con el móvil. Si están con el móvil me fijo en si miran redes sociales, si están jugando a algún juego…

Por ejemplo, ese día me fijé en una señora mayor, bueno mayor… teniendo en cuenta que yo voy a cumplir muy pronto 50 años eso de mayor es relativo, digamos que de mediana edad. Por su forma de vestir sin pretensiones, ropa cómoda, calzado cómodo, un móvil gama media, es decir, el prototipo de persona que en mi cabeza me la imagino sentada delante de la tele disfrutando de su momento de descanso viendo las típicas series o programas que dan al mediodía en la televisión (y cuidado que con eso no quiero ofender a nadie ni mucho menos, yo también las veo de vez en cuando y he llegado a engancharme a alguna que otra 😉).

Pues cuál fue mi sorpresa cuando me di cuenta de que estaba jugando a un juego de matar al enemigo muy popular entre la juventud (lo sé porque mi hijo está enganchadísimo).

Me dieron ganas de aplaudir, de aplaudirle a ella por demostrarme que no se puede juzgar a la gente por su envoltorio y, que nunca debes tener ideas preconcebidas porque te puedes encontrar muchas sorpresas a la vuelta de la esquina.

Me encanta cuando las pequeñas cosas me hacen replantearme mi forma de ver la vida ¿Y a vosotr@s?

Y al final es cuestión de expectativas

Llegado septiembre es el momento de hacer un repaso de los momentos vividos en verano.

Y quién lo iba a decir que, si te paras a pensarlo, casi todo en esta vida tiene una explicación científica.

Ahora que la gran mayoría hemos vuelto de las vacaciones (lo mío han sido mini vacaciones pero sirve igual jaja) nos paramos a pensar en retrospectiva y comparamos la ilusión en la preparación del viaje, el trayecto que vamos a realizar, las actividades que vamos a hacer cuando lleguemos al destino, etc. y la desilusión en la preparación de la vuelta a casa.

Tendréis que reconocer que, por norma general, el viaje de vuelta se os ha hecho mucho más corto que el de ida.

Pues parece ser que un estudio holandés nos demuestra que el motivo es, justamente, las expectativas que nos creamos antes del viaje. Cuando comienzas un viaje sueles ser optimista, por lo que generas expectación de un trayecto corto y alegre y al final se hace demasiado largo.

Por el contrario, al volver, el sentimiento es de pesimismo, las expectativas hacen pensar que será aburrido y largo.

En resumen, a la ida nos creamos unas expectativas y a la vuelta no. Da igual que vayas al lugar habitual de vacaciones y por tanto no sea la primera vez que realizas el viaje, o que vayas a un lugar donde nunca has estado. Da igual que vayas a pie, en coche o en avión. Da igual que al volver vayas por una ruta diferente que a la ida… todo da igual porque al fin y al cabo es una cuestión de expectativas.

También hay un estudio japones cuya teoría dice que el camino de regreso se nos hace menos largo cuando lo recordamos pero, a mí personalmente, me gusta más creer en la versión de las expectativas, porque, al fin y al cabo, ¿Qué es la vida sino la expectativa de lo que está por venir?

¿Para vosotr@s también es más corto el camino de vuelta?

Y cuando lo que es lógico, pasa por no serlo…

Todos, o la gran mayoría, tenemos algo cotidiano y en común en nuestras vidas… la limpieza del hogar.

Y quién lo iba a decir que el tema de la limpieza del hogar iba a dar tanto de sí.

Como ya comenté en algún post anterior, hoy en día utilizamos internet para prácticamente todo: que sí el horario de la farmacia de guardia, que si el tiempo que va a hacer, que si la programación de la tele, que si tengo que ir a un sitio y no sé cómo llegar… en fin, que al menos yo, paso bastante tiempo navegando por internet (ya me gustaría a mí que fuera en barco por el mar ja, ja, ja). El caso, es que no paro de encontrarme con consejos para limpiar el hogar.

Supongo que en la época de nuestros padres y abuelos no era necesaria tanta historia porque, se supone, que las mujeres no trabajan tanto fuera de casa y se podían organizar mejor, digo yo que será por eso, porque ahora parece que tienes que hacerte listas y calendarios para hacer las tareas del hogar. De verdad que no exagero, hay miles y miles de sitios en internet que te facilitan plantillas y croquis para limpiar.

No te lo pierdas ¡Que incluso hay métodos! Aunque hoy en día existen métodos para todo, aunque si facilitan el trabajo o lo complican no lo sé, pero ahí están. Por ejemplo: existe el método 20/10 para limpiar la casa. Parece que consiste en que limpias 20 minutos y descansas 10 minutos… Yo no sé vosotr@s, pero como yo me pare no me vuelvo a poner en marcha, con lo despistada que soy me pongo a hacer otras cosas y no vuelvo a por la escoba en todo el día 😎.

De verdad que no me lo estoy inventando, son fuentes serías de una revista muy conocida. En ese artículo, también dicen que es bueno que le hagas una foto del antes y otra del después… Yo hay días que es mejor que el antes no lo haga, por no hablar de que si ya empezamos a entretenernos con fotos no empiezo.

Luego te dan consejos que yo creo que son de cajón, es decir, toda persona con más o menos sentido común sabe que tiene que hacer la cama, fregar los platos, ventilar, recoger lo que tengas tirado por el suelo y los muebles, si tienes más de una planta empezar por arriba (eso mi marido todavía no le ve el sentido, pero estamos trabajando en ello😅), ir limpiando los utensilios de cocina a la vez que cocinas, y un sinfín de consejos más de este estilo.

Una cosa es que todos lo sepamos y otra que por H o por B (pereza, tiempo, etc.) no lo puedas ir haciendo al día. ¿Qué lo ideal es hacerlo? Pues sí, pero no creo que hayan descubierto nada nuevo.

Un consejo al que todavía le estoy dando vueltas, es que los expertos aconsejan que hagas primero los dormitorios y luego cierres la puerta, vale, hasta ahí puedo estar de acuerdo, pero prosiguen: lo último los baños o la cocina, según donde tires el agua de fregar… Corregirme si veis otra respuesta lógica, por favor, lo digo en serio, puede que se me escape algo pero, yo el agua sucia del suelo, la tiro al inodoro no a la pica donde voy a lavar los platos de comer.

Por supuesto también hay rutinas de limpieza exprés en 1 hora, indicaciones de cada cuanto tienes que limpiar o lavar cada cosa, que productos y utensilios utilizar y un largo etcétera.

Estoy de acuerdo en que ahora tenemos menos tiempo para ocuparnos de mantener al día nuestro hogar pero, en el siglo XXI, ya no solo limpian las mujeres, los hombres y los hijos (siempre hay excepciones evidentemente) también se implican o deberían implicarse por lo tanto son más manos y lo que una persona sola puede tardar tres horas entre varios en una hora lo tienen listo (ese es mi mantra para implicar a mi familia ja, ja, ja). Pero vamos, que cada uno en su casa sabe lo que tiene y no pienso entrar en ese tema. Cada uno en su casa y Dios en la de todos o algo así, es un dicho que me encanta.

Además, hoy en día, a través de las aplicaciones del móvil puedes decir que te aspire el salón, que te ponga la lavadora o el lavavajillas, vamos que por facilidades que no sea. Eso sí, previamente acuérdate de quitar las manchas difíciles de la ropa y ponerla dentro de la lavadora o de poner los platos dentro del lavavajillas porque si no, no sirve de nada 😂.

Con todo esto no quiero decir que antes no existieran los consejos de limpieza ni se hablara de ella, pero solía ser entre abuelas, madres, amigas… que iban comentando: ¿Tú esto con que lo limpias? Pues yo le doy con esto y mano de santo. Tengo que reconocer que he recibido y he leído un montón de consejos para limpiar los cristales de las ventanas, pero me pasa como con la cocina, soy negada, ya lo puedo hacer con mil cosas pero no consigo nunca que me queden impolutos. El último que he visto dice que lo seques con una media vieja que no deja pelusa… tampoco me ha funcionado. Hago un llamamiento a que, si alguien tiene un truco infalible para las ventanas, por favor, que me lo diga.

Por otro lado, no creo que sea bueno estar todo el día pensando en si tienes la casa limpia o sucia (a pesar de que según la ley de Murphy esa visita inesperada vendrá el único día que no has limpiado), si llega el sábado y te ofrecen hacer una excursión, vete, ya limpiaras el domingo 😉

Y dicho todo esto, me voy a pasar un poco la escoba que ya toca.

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Y cuando algo cotidiano pasa a ser complicado

Cuándo lo único que quieres es tomarte una cervecita fresquita para paliar el calor y te preguntan ¿Qué tipo de cerveza quieres?

Y quién lo iba a decir que una simple pregunta me dejaría tan descolocada. Yo lo único que quería era una cervecita, pero me equivoqué de lugar. Entré en uno de esos templos de cerveza que tienen todas las variedades habidas y por haber. ¡Hasta tenían una carta de más páginas que el último libro que me he leído!

Así que claro, me entró la curiosidad y me puse a investigar. Según la Wikipedia «La cerveza es una bebida alcohólica, no destilada, de sabor amargo, que se fabrica con granos de cebada germinados u otros cereales cuyo almidón se fermenta en agua con levadura y se aromatiza a menudo con lúpulo, entre otras plantas. Es la bebida alcohólica más consumida del mundo, y una de las bebidas más consumidas, solo por detrás del agua, el té y el café.«

Es una bebida que según los expertos se remonta a los antiguos pueblos egipcios con la aparición del pan entre 10 000 a. C. y 6000 a. C. Hace unos 1000 años los alemanes la mejoraron añadiéndole lúpulo y creando la cerveza que conocemos hoy en día.

Pero la cosa no acaba ahí, hay cervezas de trigo y cervezas de cebada. Las de trigo, que son mayormente de Alemania, son las llamadas «rubias» por su color claro, y son consideradas sencillas. En cambio, con las cervezas de cebada la cosa se complica. Las elaboran con cebada malteada, que le da un toque amargo y más potencia, y estas, a su vez se dividen entre «ale» y «lager».

«Ale» son principalmente elaboradas en los Países Bajos y las fermentan a temperaturas entre 15°C y 25°C. Son amargas y se sirven no muy frías. Esto a mi ya no me gusta, la cerveza tiene que estar bien fría para mí gusto, pero yo no soy muy entendida en la materia 😎

«Lager» son principalmente elaboradas en Alemania, y en Chequia, de donde es la cerveza pilsen. Se fermentan a baja temperatura para que sean más suaves y deben conservarse durante al menos tres meses. Se sirve muy fría. Esta ya me gustan más ja ja ja.

En fin, que dentro de estas dos categorías hay otro sinfín de categorías, pero creo que no es necesario seguir porque yo ya me he perdido y, al fin y al cabo, no sé a vosotr@s pero a mí, de tanto hablar de cerveza me ha entrado sed, así que me voy a la nevera a ver si tengo alguna «lager» bien fresquita.

¡A vuestra salud!

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Y toca tomar una decisión…

Cuando te das cuenta de que tu mayor afición te ocupa, literalmente, un montón de espacio tienes que elegir.

Y quién lo iba a decir que llegaría el momento en que no tuviera sitio para guardar una de mis mayores aficiones. Sí, a los que nos encanta leer, tenemos el problema de qué hacer con esa cantidad de libros ya que, o echas a tus hijos de casa para quedarte con sus habitaciones y llenarlas de libros (cosa que en mi caso todavía no es factible 😁) o debes deshacerte de ellos.

Suelo leer un libro a la semana en las peores semanas, soy fanática de los libros, les quito la portada y les pongo un forro de papel para no estropearlo mientras los leo (y de paso el vecino de asiento en el bus no sabe lo que leo jaja), no soporto doblar las páginas para saber por qué página voy, antes me la memorizo. Para mí entrar en una biblioteca es como entrar en un santuario, y si es de esas antiguas que se mezcla el olor de madera con el olor de libros ¡¡ni te cuento!!

Tengo el problema que me cuesta mucho, muchísimo deshacerme de los libros. Para mí son objetos sagrados, no sé muy bien porqué, pero si tiro un libro me entran remordimientos y me siento fatal. Crecí rodeada de libros porque a mi madre también le encantaba leer y, en aquella época, era casi obligado estar suscrito al archiconocido Círculo de Lectores. En la actualidad yo no oigo hablar de él, pero en mi juventud era lo más, y todos los meses, nos dedicábamos a mirar la revista para escoger los libros que íbamos a leer y luego, esperábamos con impaciencia su llegada.

El caso es que, cuando faltaron mis padres, todos esos libros vinieron para mi casa y se sumaron a todos los que yo ya tenía ¡¡puedo decir que me junté con más de 400 ejemplares!! Al no ser una opción deshacerme de ellos, decidí no comprar más e ir a la biblioteca (mi economía también lo iba a agradecer). Vivo en un pueblo en el que la biblioteca por entonces no era muy grande, así que llego el punto en el que, al cruzar la puerta, el bibliotecario me miraba y meneaba la cabeza indicando que no había recibido nada nuevo (para ser honesta debo aclarar que ahora tenemos una macro biblioteca súper chula😉).

Con el tiempo me pasé a leer en Tablet, una maravilla cuando estas en sitios cerrados (sobre todo me lo agradeció mi marido porque podía leer con la luz apagada en la cama jaja) pero en la calle, con la luz del sol era imposible y yo siempre aprovecho cualquier momento libre para leer. Me plantee pasarme al e-book pero entonces tenía el problema a la inversa, en la calle sin problema pero a oscuras no podía (el modelo que yo tenía era bastante simple). Una de las ventajas que más valoro de estos dispositivos, es que cuando vas de viaje no tienes que facturar una maleta a parte para los libros🤪

Pero al final, tengo que reconocer que no es lo mismo, no nos engañemos. Esa sensación de abrir un libro, el olor de sus páginas, notar su peso… todo eso no tiene comparación posible.

Pero volviendo al tema que nos ocupa, al final he tenido que tomar una decisión, hacer una selección y donarlos a la biblioteca o a protectoras de animales que luego los venden en mercados benéficos.

Me he quedado con los que más han significado para mí, esos que los puedo leer y releer sin cansarme de ellos, los que me han ayudado en algún momento de mi vida…

¿Tenéis el mismo problema?

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Y toca cambiar de rutina…

Cuando ya tienes claro qué hacer con tu tiempo y te marcas una rutina con la que estas más o menos a gusto, te toca volver a empezar.

Quién lo iba a decir que cuando ya empezaba a ser capaz de aguantar la rutina de ejercicios lo tenía que dejar. Evidentemente podía mantener una rutina de paseos porque, o me movía o me daba algo, pero claro, no era lo mismo y menos con las restricciones en las salidas a la calle. Por suerte, yo ya disponía de mi fiel compañera, mi perro labrador que siempre está dispuesta a salir. Yo no sé si vosotr@s lo habéis oído o eran de esos rumores falsos que corren por las redes, pero leí que la gente alquilaba a sus mascotas para que otros tuvieran excusa para salir a la calle… ¡madre mía lo que hace la desesperación!

Así que me puse a la búsqueda de actividades que no requirieran demasiado esfuerzo y me sumergí en un montón de grupos de manualidades, limpieza, decoración… ¿Vosotr@s sabíais que para limpiar la base de las sartenes quedan divinas si las limpias con kétchup? Y también se aplica a los pomos de las puertas… Yo la verdad es que no conseguí dejarlas como decían, pero algo mejoran.

También me puse a mirar programas como Nuestro propio castillo DIY dónde un matrimonio inglés (Angel y Dick) con dos hijos pequeños, se compran un castillo destartalado en Francia para rehabilitarlo ellos mismos y dedicarlo a bodas y Bread and Breakfast… ¡Impresionante lo que hacen sin experiencia (se supone)! Angel está siempre por los alrededores del castillo, buscando entre los matorrales, para hacer decoraciones florales con cualquier cosa y ahí que me animé yo, a salir por los alrededores de casa para hacer lo mismo, el resultado no es espectacular, pero yo me sentí súper orgullosa.

manualidad flores

Otra faceta que no me conocía, y que no creo que repita, es que me enganché literalmente a la serie turca de Pájaro soñador con ese Señor Can Yaman (como para no engancharse) y esa Sanem, que estaban todo el día tira y afloja pero que tenía sus puntos en que me reía. Lo que pasa, es que a mí estas series que dan tantas vueltas para todo (que entiendo que es la finalidad, para que estemos delante de la tele todos los días, a ver si al final se dan el beso o no) me acaban poniendo nerviosa y no era plan teniendo en cuenta el estado de mi corazón 🙂

Si os ha pasado como a mí que os ha dado por la decoración y las manualidades ¡me encantaría saber cómo os ha ido!

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