Y cuando no sabes por qué lo haces

Hay situaciones en las que haces cosas que sabes que no son lo mejor en ese momento, pero no lo puedes evitar.

Y quién me iba a decir que sabiendo que no me estaba haciendo ningún bien lo iba a hacer.

Cada vez estoy más convencida que el ser humano es raro. Si no que me expliquen por qué cuando estamos deprimidos lo único que hacemos son cosas que nos hacen deprimir más (al menos a mí).

En lugar de ponernos activos y hacer cosas que nos suban la moral nos ponemos a escuchar esas canciones deprimentes que nos hacen llorar, a mirar esas fotos antiguas que nos llenan de nostalgia y nos recuerdan tiempos mejores, te plantas delante de la tele y haces un maratón de pelis de esas que no paras de llorar y, no sé si será por la influencia de las películas americanas, pero te hinchas a comer helado sabiendo que después cuando te subas a la báscula ¡Sí que te vas a deprimir!

Pero ya sabéis que a mí me encanta informarme y me he quedado más tranquila cuando, parece ser, que la base científica es que el helado contiene un aminoácido denominado Triptófano que aumenta los niveles de serotonina (una de las hormonas encargadas de hacernos más felices). De este modo, se inhiben los síntomas de la depresión, se contrarrestan los estados de agresividad o tristeza y, en consecuencia, nos sentimos emocionalmente satisfechos.

Así que yo me voy ahora mismo al congelador a por el mío ¿Y vosotr@s?

Photo by Fallon Michael on Unsplash

Y ha pasado un año…

Hay cosas en esta vida que nunca te planteas y cuando lo haces no sabes ni cómo lo has hecho.

Y quién lo iba a decir que yo iba a dejar de fumar. Sí, porque yo siempre he sido de esas personas que disfrutaba fumando, ni siquiera me planteaba dejar de hacerlo.

En el momento en que me dijeron que me iban a operar del corazón decidí que el día que ingresará en el hospital me fumaría mi último cigarro. Y ni yo misma me lo creo, pero así fue. Con la mochila colgada al hombro y preparada para entrar por la puerta del hospital me fumé lo que sabía que era mi último cigarro.

Tengo amigos que llevan muchos años intentando dejar de fumar, han probado de todo, pastillas, hipnosis, fuerza de voluntad, prácticas de relajación, chicles, parches de nicotina…, y nada, al poco vuelven a fumar. Yo nunca lo había probado porque no tenía ni la más mínima intención de dejarlo. Tengo que aclarar que hablo de amigos que fuman bastante, yo me fumaba medio paquete al día… ¡Pero cómo lo disfrutaba!

Bueno, a lo que voy, desde ese día ni siquiera he tenido la tentación de encender un cigarro. No lo he echado en falta. Incluso he pasado a ser como muchos exfumadores, antes no notaba el olor a tabaco, pero ¿ahora? Lo huelo a leguas. No me molesta, pero es curioso como antes cuando alguien me decía: ¡Qué peste a tabaco! Yo me los miraba y pensaba: Qué exagerada es la gente, pero ahora, lo entiendo perfectamente.

Recuerdo que estando en la unidad de críticos, toda orgullosa por mi decisión le dije al médico: Doctor, he dejado de fumar. Me miró con media sonrisa en la cara y me contestó: Enhorabuena, eso siempre es bueno, aunque tu problema de corazón no tiene que ver nada con el tabaco. ¡Me quedé a cuadros! Pero una vez tomada la decisión no iba a volver atrás.

Ahora puedo decir orgullosa que hoy hace un año que dejé de fumar y espero poder decirlo muchos más años.

¿Vosotr@s habéis pasado por esta situación? ¿Cómo lo hicisteis?

Y cuando por mucho que lo intentes…

Está claro que hay cosas en esta vida para los que muchos no hemos nacido (en mi caso bastantes jajaja) pero yo lo sigo intentando.

Y quién me iba a decir a mí que a mis 50 años iba a seguir luchando para hablar inglés.

Llevo casi toda mi vida estudiando inglés. Es una de esas cosas que creo que, en la época que vivimos, es supernecesaria todo y que siendo realistas la gran mayoría de la población mundial habla hispano así que ahí lo dejo.

Cuando yo estaba en el colegio se estudiaba francés. Me compré el libro con toda la ilusión del mundo por empezar a estudiar otro idioma y después del primer día de clase la profesora nos informó de que a partir de la siguiente lección empezaríamos a estudiar inglés. A mí me daba igual, a mí me hacía gracia aprender otro idioma fuera cual fuese así que lo cogí con todas mis ganas.

Pero el inglés se resistió a entrar en mi cabeza. Sería porque la profesora tampoco se puede decir que supiera mucho, sería porque el inglés que te enseñaban en el colegio era muy básico… el caso es que yo no avanzaba. Así que ya de más mayor me apunté a diferentes academias. Y ni con esas, nunca avanzaba.

Quiso el destino que entrara a trabajar en un departamento de Cooperación Internacional donde el inglés era el pan nuestro de cada día. Teníamos becarios de varios países y, todo y que ellos venían a aprender el castellano, siempre intercambiábamos frases. En aquella época, era más la vergüenza de hablarlo que el no entenderlo, porque me defendía bastante bien a la hora de escribirlo y de escucharlo, pero hablarlo… eso era otro tema, aunque lo tenía que hacer por narices.

Finalmente cambié de trabajo y el inglés dejo de pertenecer a mi día a día. Os puedo asegurar que un idioma no es como montar en bicicleta que nunca se olvida, he vuelto a intentar estudiarlo, a recuperar lo que sabía, y todo y que sigo entendiéndolo bastante bien a la hora de leerlo, soy incapaz de entender cuando lo hablan (y más si son series americanas) y mucho menos hablarlo.

Según un estudio se trata de la plasticidad de las neuronas, que llegada una edad el cerebro empieza a dar prioridad a la estabilidad.

Hace unos años fuimos a pasar unos días con unos amigos a Londres y la única que entendía algo era yo, así que me dispuse a hacerme entender por los londinenses. Me parece increíble su pasividad y la poca empatía que demuestran hacia los extranjeros. Si no los entiendes es tu problema, ellos no se esfuerzan lo más mínimo. Y luego vienen ellos aquí y parecemos tontos esforzándonos por explicarles las cosas con gestos y con palabras sueltas en inglés para que nos entiendan. En fin, que cuando ya llegaba el momento de volver a casa es cuando yo empezaba a desenvolverme bien con el idioma.

Como de momento no veo viable irme a vivir a un país de habla inglesa que es la forma más segura de aprender el idioma (que ya me gustaría) lo único que me queda es seguir intentando aprenderlo con las aplicaciones que puedes encontrar por internet e intentar no morir en el intento.

Pero que como siga así, no descarto pasarme al chino que, quién sabe, a lo mejor aprendo antes.

¿Vosotr@s tenéis facilidad para los idiomas o sois de los míos?

Y cuando eres un poco rarito…

Suelo llevar siempre un libro vaya a donde vaya porque nunca sabes si vas a tener que esperar, pero, a veces, me lo olvido.

Y quién lo iba a decir que en esas situaciones lo único que se me iba a ocurrir para entretenerme era observar a la gente e inventarme sus vidas.

A raíz de la pandemia, al no poder salir y disfrutar de terrazas, no haber salas de espera abarrotadas ni demás situaciones que propiciaran mi imaginación había dejado de hacerlo, pero, el otro día me volvió a pasar.

Iba de camino a unos recados, y como era muy pronto me pare a tomar un café en una terraza. Al no tener prevista una espera, no llevaba ningún libro conmigo por lo que eché un vistazo a mi alrededor y mi mente empezó a hacer de las suyas.

Me encanta observar a la gente e imaginarme sus vidas. Supongo que si le explico esto a un psiquiatra seguro que tiene base para psicoanalizarme por eso procuro no comentarlo demasiado jaja. Me imagino sus trabajos, si tienen hijos, si están enamorados, si son felices o no (en eso los ojos de la gente no mienten, solo tienes que mirar bien). Suelo fijarme en como interactúan con las personas con las que hablan, si son pareja, amigos o compañeros de trabajo, el tipo de ropa o complementos que llevan, si leen el periódico o están con el móvil. Si están con el móvil me fijo en si miran redes sociales, si están jugando a algún juego…

Por ejemplo, ese día me fijé en una señora mayor, bueno mayor… teniendo en cuenta que yo voy a cumplir muy pronto 50 años eso de mayor es relativo, digamos que de mediana edad. Por su forma de vestir sin pretensiones, ropa cómoda, calzado cómodo, un móvil gama media, es decir, el prototipo de persona que en mi cabeza me la imagino sentada delante de la tele disfrutando de su momento de descanso viendo las típicas series o programas que dan al mediodía en la televisión (y cuidado que con eso no quiero ofender a nadie ni mucho menos, yo también las veo de vez en cuando y he llegado a engancharme a alguna que otra 😉).

Pues cuál fue mi sorpresa cuando me di cuenta de que estaba jugando a un juego de matar al enemigo muy popular entre la juventud (lo sé porque mi hijo está enganchadísimo).

Me dieron ganas de aplaudir, de aplaudirle a ella por demostrarme que no se puede juzgar a la gente por su envoltorio y, que nunca debes tener ideas preconcebidas porque te puedes encontrar muchas sorpresas a la vuelta de la esquina.

Me encanta cuando las pequeñas cosas me hacen replantearme mi forma de ver la vida ¿Y a vosotr@s?

Y todos los días amanece y anochece

Personalmente no diferencio el amanecer del atardecer, pero los expertos nos indican que los cielos de las puestas de sol son mucho más rojos que en el amanecer.

Y quién lo iba a decir que algo que pasa cada día, la mayoría de los mortales ni nos paramos a pensar en ello.

Como ya he dicho en otras ocasiones, tanto tiempo libre no es bueno para mí, me da por ponerme a pensar en cosas que, en situaciones normales, ni me planteo.

El otro día le tocó el turno al amanecer y al atardecer. Me enseñaron una imagen espectacular y fui incapaz de determinar si era un amanecer o un atardecer. Lo único que me atrevía a decir fue ¡Guauuu!, para no quedar como una tonta.

Como siempre, ante estas situaciones prefiero informarme, así que me sumergí en internet. Según los expertos, todos sabemos que el sol sale del este y se pone en el oeste (yo esta clase de Ciencias Naturales me la salté seguro). Al ser la atmósfera más calidad durante las noches y haber más moléculas de agua en forma de humedad hace que los cielos parezcan más anaranjados y rojizos en el atardecer.

Parece ser que, al haber actividad humana, además de particular de polvo y contaminantes que se elevan en el aire, se hace posible la dispersión de grandes ondas de luz que también contribuyen a que los cielos sean más rojizos en la puesta del sol… ¡Cómo no íbamos a estar los humanos y la contaminación de por medio!

Siguen aclarándonos dos puntos superimportantes:

1.- La salida del sol tiene lugar temprano en la mañana mientas que la puesta del sol tiene lugar durante la noche. 🥺

2.- La salida del sol conduce a cielos brillantes mientras que la puesta del sol conduce a cielos oscuros. 🥺

Yo no sé a vosotr@s, pero a mí, el cuerpo se me ha quedado un poco «pallá» ¿Eso no es evidente? Muy experto, muy experto no hay que ser para saber eso.

Pero centrémonos:

Amanecer

Existen estudios que dicen que ver el amanecer mejora el metabolismo e incluso está ligado a la pérdida de peso (¡yupi! A la porra la dieta).

Ya decían los antiguos «Al que madruga Dios le ayuda». Muchos dicen que ver amanecer es la clave de la felicidad porque los rayos de sol crea efectos de amor y armonía en tu alma.

Atardecer

Mirar el atardecer hace que te hagas consciente del ciclo natural del día e influye en nuestro reloj natural. Está comprobado que exponerte a la luz del sol mejora tu humor y tu salud.

Elimina el estrés y te aporta vitamina D sin riesgo de daños solares en la piel.

Pero, el Astro Rey no podía ser menos, así que tiene sus adeptos. Existe la terapia del Sungazing que defiende que al mirar al sol el cuerpo recibe la energía del astro y puede curar enfermedades, proporcionar bienestar y poner orden en la mente. Según sus seguidores, el ojo humano posee algún tipo de células fotovoltaicas capaces de convertir la energía solar en energía vital.

Dicho todo esto, para mí se simplifica en que ver el amanecer me genera ganas de empezar el día con energía y con tiempo por delante y el atardecer que el día ya ha acabado; hay días que es de agradecer y otros que desearía que nunca acabaran.

Lo que tengo muy claro que ya no voy a mirar igual el amanecer y el atardecer.

Y vosotr@s ¿Cuál de los dos preferís?

Fotos by Pixels y Pixabay

Y cuando lo que es lógico, pasa por no serlo…

Todos, o la gran mayoría, tenemos algo cotidiano y en común en nuestras vidas… la limpieza del hogar.

Y quién lo iba a decir que el tema de la limpieza del hogar iba a dar tanto de sí.

Como ya comenté en algún post anterior, hoy en día utilizamos internet para prácticamente todo: que sí el horario de la farmacia de guardia, que si el tiempo que va a hacer, que si la programación de la tele, que si tengo que ir a un sitio y no sé cómo llegar… en fin, que al menos yo, paso bastante tiempo navegando por internet (ya me gustaría a mí que fuera en barco por el mar ja, ja, ja). El caso, es que no paro de encontrarme con consejos para limpiar el hogar.

Supongo que en la época de nuestros padres y abuelos no era necesaria tanta historia porque, se supone, que las mujeres no trabajan tanto fuera de casa y se podían organizar mejor, digo yo que será por eso, porque ahora parece que tienes que hacerte listas y calendarios para hacer las tareas del hogar. De verdad que no exagero, hay miles y miles de sitios en internet que te facilitan plantillas y croquis para limpiar.

No te lo pierdas ¡Que incluso hay métodos! Aunque hoy en día existen métodos para todo, aunque si facilitan el trabajo o lo complican no lo sé, pero ahí están. Por ejemplo: existe el método 20/10 para limpiar la casa. Parece que consiste en que limpias 20 minutos y descansas 10 minutos… Yo no sé vosotr@s, pero como yo me pare no me vuelvo a poner en marcha, con lo despistada que soy me pongo a hacer otras cosas y no vuelvo a por la escoba en todo el día 😎.

De verdad que no me lo estoy inventando, son fuentes serías de una revista muy conocida. En ese artículo, también dicen que es bueno que le hagas una foto del antes y otra del después… Yo hay días que es mejor que el antes no lo haga, por no hablar de que si ya empezamos a entretenernos con fotos no empiezo.

Luego te dan consejos que yo creo que son de cajón, es decir, toda persona con más o menos sentido común sabe que tiene que hacer la cama, fregar los platos, ventilar, recoger lo que tengas tirado por el suelo y los muebles, si tienes más de una planta empezar por arriba (eso mi marido todavía no le ve el sentido, pero estamos trabajando en ello😅), ir limpiando los utensilios de cocina a la vez que cocinas, y un sinfín de consejos más de este estilo.

Una cosa es que todos lo sepamos y otra que por H o por B (pereza, tiempo, etc.) no lo puedas ir haciendo al día. ¿Qué lo ideal es hacerlo? Pues sí, pero no creo que hayan descubierto nada nuevo.

Un consejo al que todavía le estoy dando vueltas, es que los expertos aconsejan que hagas primero los dormitorios y luego cierres la puerta, vale, hasta ahí puedo estar de acuerdo, pero prosiguen: lo último los baños o la cocina, según donde tires el agua de fregar… Corregirme si veis otra respuesta lógica, por favor, lo digo en serio, puede que se me escape algo pero, yo el agua sucia del suelo, la tiro al inodoro no a la pica donde voy a lavar los platos de comer.

Por supuesto también hay rutinas de limpieza exprés en 1 hora, indicaciones de cada cuanto tienes que limpiar o lavar cada cosa, que productos y utensilios utilizar y un largo etcétera.

Estoy de acuerdo en que ahora tenemos menos tiempo para ocuparnos de mantener al día nuestro hogar pero, en el siglo XXI, ya no solo limpian las mujeres, los hombres y los hijos (siempre hay excepciones evidentemente) también se implican o deberían implicarse por lo tanto son más manos y lo que una persona sola puede tardar tres horas entre varios en una hora lo tienen listo (ese es mi mantra para implicar a mi familia ja, ja, ja). Pero vamos, que cada uno en su casa sabe lo que tiene y no pienso entrar en ese tema. Cada uno en su casa y Dios en la de todos o algo así, es un dicho que me encanta.

Además, hoy en día, a través de las aplicaciones del móvil puedes decir que te aspire el salón, que te ponga la lavadora o el lavavajillas, vamos que por facilidades que no sea. Eso sí, previamente acuérdate de quitar las manchas difíciles de la ropa y ponerla dentro de la lavadora o de poner los platos dentro del lavavajillas porque si no, no sirve de nada 😂.

Con todo esto no quiero decir que antes no existieran los consejos de limpieza ni se hablara de ella, pero solía ser entre abuelas, madres, amigas… que iban comentando: ¿Tú esto con que lo limpias? Pues yo le doy con esto y mano de santo. Tengo que reconocer que he recibido y he leído un montón de consejos para limpiar los cristales de las ventanas, pero me pasa como con la cocina, soy negada, ya lo puedo hacer con mil cosas pero no consigo nunca que me queden impolutos. El último que he visto dice que lo seques con una media vieja que no deja pelusa… tampoco me ha funcionado. Hago un llamamiento a que, si alguien tiene un truco infalible para las ventanas, por favor, que me lo diga.

Por otro lado, no creo que sea bueno estar todo el día pensando en si tienes la casa limpia o sucia (a pesar de que según la ley de Murphy esa visita inesperada vendrá el único día que no has limpiado), si llega el sábado y te ofrecen hacer una excursión, vete, ya limpiaras el domingo 😉

Y dicho todo esto, me voy a pasar un poco la escoba que ya toca.

Photo by Jan Kopu0159iva on Pexels.com

Y cuando algo cotidiano pasa a ser complicado

Cuándo lo único que quieres es tomarte una cervecita fresquita para paliar el calor y te preguntan ¿Qué tipo de cerveza quieres?

Y quién lo iba a decir que una simple pregunta me dejaría tan descolocada. Yo lo único que quería era una cervecita, pero me equivoqué de lugar. Entré en uno de esos templos de cerveza que tienen todas las variedades habidas y por haber. ¡Hasta tenían una carta de más páginas que el último libro que me he leído!

Así que claro, me entró la curiosidad y me puse a investigar. Según la Wikipedia «La cerveza es una bebida alcohólica, no destilada, de sabor amargo, que se fabrica con granos de cebada germinados u otros cereales cuyo almidón se fermenta en agua con levadura y se aromatiza a menudo con lúpulo, entre otras plantas. Es la bebida alcohólica más consumida del mundo, y una de las bebidas más consumidas, solo por detrás del agua, el té y el café.«

Es una bebida que según los expertos se remonta a los antiguos pueblos egipcios con la aparición del pan entre 10 000 a. C. y 6000 a. C. Hace unos 1000 años los alemanes la mejoraron añadiéndole lúpulo y creando la cerveza que conocemos hoy en día.

Pero la cosa no acaba ahí, hay cervezas de trigo y cervezas de cebada. Las de trigo, que son mayormente de Alemania, son las llamadas «rubias» por su color claro, y son consideradas sencillas. En cambio, con las cervezas de cebada la cosa se complica. Las elaboran con cebada malteada, que le da un toque amargo y más potencia, y estas, a su vez se dividen entre «ale» y «lager».

«Ale» son principalmente elaboradas en los Países Bajos y las fermentan a temperaturas entre 15°C y 25°C. Son amargas y se sirven no muy frías. Esto a mi ya no me gusta, la cerveza tiene que estar bien fría para mí gusto, pero yo no soy muy entendida en la materia 😎

«Lager» son principalmente elaboradas en Alemania, y en Chequia, de donde es la cerveza pilsen. Se fermentan a baja temperatura para que sean más suaves y deben conservarse durante al menos tres meses. Se sirve muy fría. Esta ya me gustan más ja ja ja.

En fin, que dentro de estas dos categorías hay otro sinfín de categorías, pero creo que no es necesario seguir porque yo ya me he perdido y, al fin y al cabo, no sé a vosotr@s pero a mí, de tanto hablar de cerveza me ha entrado sed, así que me voy a la nevera a ver si tengo alguna «lager» bien fresquita.

¡A vuestra salud!

Pexels photo

Y toca cambiar de rutina…

Cuando ya tienes claro qué hacer con tu tiempo y te marcas una rutina con la que estas más o menos a gusto, te toca volver a empezar.

Quién lo iba a decir que cuando ya empezaba a ser capaz de aguantar la rutina de ejercicios lo tenía que dejar. Evidentemente podía mantener una rutina de paseos porque, o me movía o me daba algo, pero claro, no era lo mismo y menos con las restricciones en las salidas a la calle. Por suerte, yo ya disponía de mi fiel compañera, mi perro labrador que siempre está dispuesta a salir. Yo no sé si vosotr@s lo habéis oído o eran de esos rumores falsos que corren por las redes, pero leí que la gente alquilaba a sus mascotas para que otros tuvieran excusa para salir a la calle… ¡madre mía lo que hace la desesperación!

Así que me puse a la búsqueda de actividades que no requirieran demasiado esfuerzo y me sumergí en un montón de grupos de manualidades, limpieza, decoración… ¿Vosotr@s sabíais que para limpiar la base de las sartenes quedan divinas si las limpias con kétchup? Y también se aplica a los pomos de las puertas… Yo la verdad es que no conseguí dejarlas como decían, pero algo mejoran.

También me puse a mirar programas como Nuestro propio castillo DIY dónde un matrimonio inglés (Angel y Dick) con dos hijos pequeños, se compran un castillo destartalado en Francia para rehabilitarlo ellos mismos y dedicarlo a bodas y Bread and Breakfast… ¡Impresionante lo que hacen sin experiencia (se supone)! Angel está siempre por los alrededores del castillo, buscando entre los matorrales, para hacer decoraciones florales con cualquier cosa y ahí que me animé yo, a salir por los alrededores de casa para hacer lo mismo, el resultado no es espectacular, pero yo me sentí súper orgullosa.

manualidad flores

Otra faceta que no me conocía, y que no creo que repita, es que me enganché literalmente a la serie turca de Pájaro soñador con ese Señor Can Yaman (como para no engancharse) y esa Sanem, que estaban todo el día tira y afloja pero que tenía sus puntos en que me reía. Lo que pasa, es que a mí estas series que dan tantas vueltas para todo (que entiendo que es la finalidad, para que estemos delante de la tele todos los días, a ver si al final se dan el beso o no) me acaban poniendo nerviosa y no era plan teniendo en cuenta el estado de mi corazón 🙂

Si os ha pasado como a mí que os ha dado por la decoración y las manualidades ¡me encantaría saber cómo os ha ido!

¿Y podía ir a peor?… Sí, podía

Te marcas una rutina para no «comerte demasiado la olla», para estar ocupada y sentirte útil y de golpe… otro mazazo.

Quién lo iba a decir que de aquella revisión rutinaria hacía dos años en la que, según el médico, tenía un pequeño problema de obstrucción en la válvula aorta que no debía preocuparme al menos durante 10 años íbamos a pasar a corre, corre que te nos mueres.

Sí, así tal cual. Con la cuarentena se retrasaron todas las pruebas y visitas rutinarias que tenía una vez al año para controlar el corazón, pero yo tranquila porque mi médico no le había dado nunca la mayor importancia así que, cuando pasados tres meses de la hora concertada que tenía de visita para los resultados de las pruebas me llamaron para darme nueva fecha en Junio, yo, ni me inmuté.

Me presenté tal cual, con toda la tranquilidad del mundo ya que yo pensaba que el médico me iba a decir lo de siempre «nos vemos el año que viene». Ya de entrada, no era mi médico habitual pero no me preocupó debido la situación que teníamos con el virus, cuando empezó a rellenar papeles y más papeles… ahí sí que ya me empecé a mosquear y ya cuando leí del revés «orden de ingreso» empezaron a saltar todas las alarmas en mi cerebro.

Le pregunté si me podía explicar un poco de que iba todo el papeleo y, con toda la normalidad del mundo, me dijo que me tenía que operar sí o sí y que ya iba tarde, que me tenían que haber operado en Noviembre y no entendía como seguía en pie teniendo en cuenta el estado de mi corazón. Me informó que estaba iniciando todos los trámites para el preoperatorio y en cuanto hubiera quirófano libre era para mí. Evidentemente nada de ejercicio y el máximo reposo y tranquilidad posibles hasta el momento de la operación. Y yo entrenando cada día con mi Fausto!!!

Y en ese estado, sin saber ni cómo, llegué a casa, echa un manojo de nervios y por si no estaba ya bastante agobiada hasta el momento, a ver cómo iba yo a montarme la vida con la nueva situación.

Y llega el momento de decidir qué hacer…

Te encuentras con un montón de tiempo libre y no sabes muy bien qué hacer, pero tienes claro que algo hay qué hacer

Quién lo iba a decir que ibas a tener tanto tiempo libre y encima… ¡sin poder salir de casa porque estás en cuarentena!

Los niños encantados con sus ordenadores y teléfonos todo el día chateando con los compis, tu marido con esas reparaciones que no ha podido hacer antes y tú… ¿qué haces tú? Pues ya está, te programas tu horario y te pones a refrescar ese inglés que hace tanto tiempo que tienes olvidado y te apuntas a esa aplicación para el móvil de Duolingo que está genial, pero que te acaba estresando porque no llegas al número 1 de la división diamante, porqué siempre hay alguien que está esperando a la noche antes para hacer 20 lecciones de golpe y quitarte el primer puesto.

Después de la lección diaria de inglés te dedicas a hacer un poco de ejercicio, de ese que no has hecho en tu vida, y te pones a Fausto en Youtube para hacer 20 minutos de cardio con él… ¡Ayyy Fausto! ese muchacho que cuando tú ya piensas que te vas a desmayar, pero te obligas a llegar al final del ejercicio dice: «Y DIEZ MÁS» y te apuntas mentalmente abandonar tu idea de hacer deporte.

Después del tute te sientas un poquito a descansar y piensas: ¿no se me ocurriría a mi algo como al tipo ese que inventó el Post-it, o el que inventó los pines (esas chapitas que te ponías en la ropa) o alguna cosa parecida que me hiciera montarme en el dólar? Pero como después de cinco minutos no se te ocurre nada te vas a la ducha y luego coges ese libro que ahora sí tienes tiempo de leer.

Huelga decir, que antes de todo esto, ya has realizado esas tareas domésticas que antes sólo podías hacer los fines de semana y que, ahora, te vas repartiendo poquito a poquito cada día, y que es cosa de agradecer, la verdad.

Y tú ¿qué has hecho para pasar esos días tan largos? ¡Estaría encantada de que me déis ideas!

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